Existen lugares en el mundo tan maravillosos que no se pueden observar con los ojos, pues quedan ciegos ante tal belleza que deslumbra.
Estos lugares se observan con el corazón abierto y la piel desnuda, sin adornos, ni tapas, desnudos como el viento que sopla libremente su aire, desnudos como los árboles imponentes que dan sombra y cobijo a muchas vidas.
Desnudos y libremente podemos apreciar la magnificencia de esos lugares, con los ojos del alma y del corazón.
Desnudos y libremente podemos apreciar la magnificencia de esos lugares, con los ojos del alma y del corazón.
